Alguien golpea insistentemente la tierra con un bastón.  Es  la llamada a la puerta de los muertos. 
     Insiste  el tamborilero, algunas/os llevan cincuenta años o doscientos años de muertos y siguen despistados.             
     Las ofrendas están en el suelo, mientras se oyen extraños y estremecedores cantos. No se entienden con  los oídos  ni  
con la mente, pero si los entiende la piel.              
     Allí están presentes los antepasados, van llegando poco a poco.  Los vamos saludando por sus nombres,  uno a uno,  antes de proseguir. Llegan hasta los más distraidos...             
     Allí estaba también el Angel  de la burbuja oval de la muerte y  el ángel de la burbuja oval  de la vida.     
     La sabiduría insonora  del vacio.               
     Esta es la Senda de los que caminan sin pies.

     Cristina Gil Martin