
Camino por la tierra de una luna oscura. En el silencio se escucha la ruidosa rueda de mis pensamientos.
Hay muchas huecos y cráteres. Aletean por ellos miradas de ojos negros y rayos rojos. Rugidos terribles..., llenos de telarañas por falta de eficacia. Falta tiempo. Dos minutos, por favor.
Vómitos de babas verdes tratan de asquearme. Asco si que siento, pero de repente, algo de mi interior pregunta:
¿No será que rugen y amenazan porque tienen miedo?
Rugidos oscuros se van transformando en murmullos. Ahora viene el eco de la vaciedad. Sé que esta vez el paseo es
por la tierra de la luna de la vaciedad.
Hay una parte de mi bordada de morado, pintada por lágrimas de fuego, en la luna de fuego, que llora mi sexo.
Algunas gotas de sangre salpicaron aquellos monstruos que no dudaron en convertirse en piedra como corresponde.
Demonios petrificados, con grandes bocas abiertas, enseñando sus dientes verdes.
Mi madre es la medusa. No hay aplauso.
Ahora soy mujer Medusa. Soy mujer Serpiente. Soy mujer Tierra de Luna. Soy mujer Volcán.
Cristina Gil Martín
Epona
TRES HURRAS POR TÍ, MUJER VALIENTE!!!
Al toro, (perdón, a los monstruos), de frente y por los cuernos.
Pocas cosas son más placenteras que petrificar demonios.
Cuando el Volcán escupe fuego no hay monstruos, ni siquiera los falsos monstruos, que lo soporten.
Es el momento de la petrificación.
ADELANTE.