
El espejo es un precipicio de cristal por el que corres el riesgo de estamparte.
Es un enorme teatro de lucha interior. Siempre con una larga distancia entre la imagen real y la imagen soñada.
Estoy como hechizada o loca mirando al espejo, haciendo muecas sin sentido y sonrisas absurdas. Menos mal que nadie me ve.
Sentada frente al espejo escucho la voz de los cuentos, la voz de la rivalidad. Siempre indecisa en la visión, siempre temblando, para escuchar que alguien es mejor.
¿Qué pasaría con los espejos si la gente se convirtiera en la propietaria real de sus cuerpos?
¿Qué pasaría si se inventaran espejos para mirar el interior?
Me visto con mis sueños para mirarme. Tal vez así, bien mirada, el espejo se muestre complaciente.
De lo contrario, espejos de cristal o espejos de agua, que más da, siempre podrán convertirse en espejos rotos.
Cristina Gil Martín
nevidiaz
"espejito, espejito, dime ¿quién es la más guapa del reino?"
De niña me sentaba frente al espejo y mantenía grandes conversaciones: le contaba lo que no me atreví a decir durante una discusión o lo que nunca hablé con el chico que me gustaba, y él me decía qué gestos me quedaban mejor, cual era mi mejor perfil, como me debía peinar...
Ahora que ya no le hablo y solo le miro un momento y con prisas, se ha enfadado conmigo, y si me dice algo es siempre desagradable (mira qué ojeras tienes!, ¿pero no te has depilado?, ¿eso es un grano o una verruga?)
Te cuento un secreto: he descubierto que si lo pones en un lugar con poca luz, pierde su maligna capacidad de criticar.
Abrazos