
Ella estaba allí. Señora del Viento y del Trueno. Dueña de los Volcanes y de las Tormentas.
Sus conciertos sobresaltan. Sus silbidos alertan.
Todo entre segundos.
Quita sombreros. Levanta velos. Arranca máscaras. Enseña cicatrices y celulitis. Despeina peinados.
Te enseña el cuerpo del desconcierto. O el cuerpo del desafío.
Te muestra el poder de lo que puedes ser. Mujer de mil formas.
Tiempos de movimientos, de entrar en el remolino de lo sagrado.
Mi cuerpo pide a gritos ese poder y ningún otro.
Señora del viento y del rayo, por favor, empújame. Por favor, enciéndeme.
Puede que retorcida en el empuje choque con las nubes y me disfrace de trueno.
Vestida de dragón caminaré por la calle de los sin miedo.
Muéstrame el poder de lo que puedo ser: O me bailarán, o me mojarán, o me tirarán, o me soplarán, o me salpicarán.
Este post empecé a escribirlo cuatro o cinco horas antes de que una buena-nueva-vieja amiga me regalara una Diosa del viento y del rayo. Por supuesto, no tenía ni idea...
Cristina Gil Martín
lalys
LA DAMA DEL VIENTO CON SU PRESENCIA VA DEJANDO SU ESTELA EN EL MAR,EN EL AIRE.
ALLÍ EN LO MÁS RECÓNDITO DEL UNIVERSO,DONDE NO EXISTE LÍMITES EN EL ESPACIO NI EN EL TIEMPO.
TE INTENTO PALPAR Y TE DIFUMINAS EN LA NADA.
CUANDO PASAS NO SÉ CÓMO NI POR QUÉ PERO DEJAS TU HUELLA.