MARIAS
  En la naturaleza, la cooperación es lo natural y no al revés, como podríamos pensar. 
  En todas partes parece que predomina una fuerte necesidad de vencer, de parecer la más interesante, la más sabia, etc. Necesitamos que nos reconozcan como seres excelentes y valiosos. Sin embargo, derrotar a la otra persona no debería ayudar.
Ninguna victoria es definitiva. Hoy te crees cazadora y mañana serás la presa. Parece que siempre hay que estar en guardia.
  Aquí surge una duda de comportamiento, si no eres interferente parece que eres tonta. Tal vez te ven como una víctima fácil.
Pueden que opten por burlarse, tratar de amargarte la vida, por maltratarte psiquicamente, por manipular situaciones para hacerte sentir culpable o en ridículo, por calumniarte, por protegerte (la más peligrosa).
  Ser interferente supone luchar por parecer una mujer diez, ser hipercrítica  hasta hacer temblar a las demás, imponerse en todas las tertulias y en todas las batallitas.  
  Me parece un derroche tremendo de energía. En el mundo actual donde los cuentos de los niños están siendo prohibidos en los
colegios si no son políticamente correctos, lo lógico sería empezar a trabajar en juegos de colaboración, donde nadie resulte vencido ni "humillado". Si Blancanieves no se puede comer una manzana envenenada, por qué intoxicar a los niños con juegos que impliquen rivalidad.

Cristina Gil Martín