pez-hada

  Encontré a una pez-hada llamada Adela, sirena de profesión, tratando de subirse a un árbol. Yo había pensado que tenían una vida limitada, por lo que subirse a un roble me parecía excesivo.
  Parece que Adela lo tiene muy fácil, sin titubeos, subía y cantaba, subía y cantaba...Ya saben eso del canto de una pez-hada. Al llegar a la copa del árbol se queda mirándome desde lo alto y me lanza una preguntita:
 -¿Sabes algo sobre la sexualidad de una sirena? 
 - ¡Pero si no puedes...!
   Adela sonrie, seguramente para no herirme, mientras me cuenta que una pez-hada es una iniciadora sexual, una maestra.
   Me explica que ella es una pez-hada de brazos abiertos, con gran corazón, capaz de aportarte un conocimiento profundo
y transformador. Es una sexualidad de ALTURA, sagrada y transformadora. No matamos hombres. Se suicidan ellos solos 
cuando en su afán de hacernos demostraciones supera su capacidad de aguante. Se vuelven locos y se ahogan. Generalmente se los comen los tiburones. Tampoco asumen bien nuestras piernas unidas o, lo que es lo mismo, nuestra enorme cola, se acomplejan mucho. Es lo que pasa siempre con las pruebas iniciáticas...
   Durante el encuentro con una pez-hada hay que abandonar la búsqueda usual, y, permitir la enseñanza de la sirena desde 
la entrega. Ella es la guía para acceder a la dimensión oculta de la sexualidad.
   Te voy a contar un secreto, me dijo Adela: El poder de nuestra voz cantora nos lo da nuestra sexualidad libre y armoniosa.
   Nosotras iniciamos a la gente sin distinción de sexo, razas o planetarias.
   Adela y yo nos despedimos con los brazos abiertos, desde el corazón de una pez hada y del mío para todas.

   Cristina Gil Martín

 

     

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