En un estado de ensoñación veo un cordón de gotitas de rocío palpitante que sale de una flor de azahar. Son perlas ordenadas de mayor a menor, encadenadas por hilos invisibles.
De la unión mágica del rocío con la flor, lleno de la energía de un beso de amor, nace una vida especial. Su ser estalla en medio de un temblor palpitante. Es el resplandor de un parto lleno de aparente silencio en el que brotan gritos inaudibles. Es el parto de un hada. Nace un ser diminuto, de alitas arrugadas, de alitas para soñar.
Después se evaporan todos los indicios. Al final no sé si las hadas nacen de los elixires florales o de mis sueños.
Cristina Gil Martín

Maribel
Precioso.