No confundas mis percepciones más auténticas con amargura o con rencor.
Camino sola. Me dejan prestadas muchas palabras y unos pocos símbolos para que elabore mis pensamientos y mis discursos. Pero a mi me ocultan. Me dan palabras y señales, pero es la voz de Otro. No me ayudan a expresarme.
Te puedes vestir con la ropa vieja del abuelo, pero seguro que te queda fatal.
Escúchame bien, Tejedora: No te olvides que vives en una tierra que es tuya, pero por la que no te dejan pasear sola. Tienes que vivir tu arte. Aprende a re-tejer, a re-inventar, a re-tocar, a re-pintar. Monta tu mesa con raros pinceles, nuevos-viejos colores, divertidas sensaciones. Necesitamos herejes del subconsciente impuesto, del imaginario aportado por Otros. En algún lugar de ti, hay palabras nuevas y desconocidas, frases que nunca nadie pronunció, imagenes que antes nadie definió. Cuando llegues, Tejedora,
no te olvides de donarnos tu subconsciente. Hazte donante, Tejedora. Hazles perder el conocimiento. BORDADO, TEJEDORA, BORDADO.
Si los maestros de la expresión te reprochan, no te preocupes. Emanas poderío. Mima lo que es tuyo. Adelanta tu paso.
Te dono, por si lo quieres tomar, mis bendiciones y mi admiración.
Cristina Gil Martín

En algún lugar de mí hay un saber que Otro depositó.
Oculto tras muchos velos, esperando el momento oportuno para manifestarse.
A veces es para mí, pero no siempre. En ocasiones soy, simplemente, la portavoz.
No es algo voluntario. Al menos no de forma consciente. Asoma sin previo aviso. Se presenta y es imposible detener. Y puede llegar a herir.
La ropa vieja de la abuela no sienta bien. Pero es muy cálida y huele a Amor.
Camino en soledad, pero no sola. Me acompañan mis saberes.
Mis bendiciones, mi admiración y mi respeto para tí también.