El domingo pasado, mientras dormia, se oyó un gran estruendo en mi casa. Me levante casi en penumbra para ver que había pasado y me encontré con los trozos dispersos de una Diosa maya pariendo. Había "saltado" desde un estante en el que llevaba años, siempre colocada un poco más arriba o un poco más abajo. No encontré ningún culpable de este accidente, algo que empujase a la Diosa. Los libros y demás cosas permanecían en su sitio. Me parecia que estaba mostrando cierta empatía conmigo. La imagen se rompe en trece pedazos más importantes. El tronco quedó entero. Mientras las piernas y la cabeza se desprendieron. La bebé se queda adherida a la pierna rota que parece contener un trozo de vulva. De ahí parece salir algo que recuerda a una masa sanguinolenta o a un coágulo de sangre, ¿un bicho aplastado en el salto?. No tengo ni idea, no logro identificar lo que es. Parece que su útero también llora y pare lágrimas de sangre.

    Ayer empecé, así lo sentí, su reconstrucción, sin embargo no estoy segura de querer tapar sus cicatrices o de disimularlas. A las heridas de guerra se las muestra con orgullo. Me parece que esto se corresponde a lo Femenino Sagrado Herido. No quiero ocultarlo cuando tanto cuesta ayudar a tomar conciencia de ello. Ahora me parece más impresionante que antes de su caída. ES LA CONEXIÓN ROTA CON LA DIOSA. Recojo sus pedazos que son mis pedazos y la/me re-construyo. Siento esto como un rito sagrado que me sienta muy bien. ¡QUÉ HERMOSA LECCIÓN!

   CRISTINA G.M.